El experimento
Fruitby fue el primer proyecto del laboratorio: una academia para personas que estrenan su primer producto Apple y quieren aprovecharlo de verdad, con sesiones en vivo y cursos grabados por producto. Buena idea, público real, ejecución con errores de manual. Se cerró, y precisamente por eso es el caso más valioso de esta página.
El veredicto
Cuatro lecciones, todas pagadas a precio completo:
1. Los costes fijos se comen la esperanza. En vez de desarrollar nuestro propio código fuimos a lo rápido: comprometimos un software de terceros de 300 € al mes esperando el éxito. El éxito no llegó a tiempo; la factura sí, cada mes. Desde entonces, en Labs todo es código propio: el coste de construir se paga una vez, el de alquilar no se acaba nunca.
2. El mejor producto es invisible sin canal. No invertimos en darnos a conocer, y lo poco que hicimos fue en LinkedIn, donde no está el novato que acaba de estrenar su primer iPhone. Hoy ningún experimento sale del laboratorio sin su plan de distribución, porque construir era la parte fácil.
3. Nadie quiere un curso de 10 horas. Grabamos formaciones de diez horas por producto: sonaba a dar mucho por poco, pero la percepción real era una montaña. Casi nadie pasaba de la primera hora. El valor no se mide en duración; se mide en lo rápido que resuelves lo que el alumno vino a resolver.
4. El precio bajo también cobra. Cobrábamos 5 € por curso y jugó en nuestra contra: se percibía como poco valioso, y aun así competíamos contra YouTube gratis y contra los primeros LLM, que responden la duda concreta al instante, sin ver ningún vídeo. Competir en barato contra lo gratuito e instantáneo no es un precio: es una despedida.
Fruitby pagó la matrícula del laboratorio. Cada regla con la que hoy operan los demás experimentos salió de aquí.