El experimento
Coverly nació de una necesidad propia: un organizador para colecciones de cómics, bonito y bien hecho. El segundo proyecto del laboratorio, con el desarrollo avanzado hasta aproximadamente el 80% del código.
La pausa
Con el producto casi terminado hicimos lo que deberíamos haber hecho antes de la primera línea: pulsar la demanda. Y la respuesta fue clara: la gente tiene sus cómics y los lee; no necesita tenerlos catalogados. Que nosotros sí lo necesitáramos no era un mercado, era un gusto personal disfrazado de oportunidad.
La decisión difícil no fue empezar: fue no terminar. Con el 80% construido, el coste hundido grita que remates; la cabeza fría dice que un producto sin demanda terminado sigue siendo un producto sin demanda. Coverly quedó en pausa, no enterrado: su web sigue activa con una lista de espera funcionando como sensor barato de demanda real. Si la señal llega algún día, se termina. Si no, ya nos dio lo que tenía que darnos: la regla de validar antes de construir.