El encargo
Defaniva es una protectora de animales con la que colaboraba como voluntario. Tenían un logo hecho a mano, y un problema permanente que conoce cualquier protectora: la recaudación nunca llega para mantener a los perros. El encargo real no era “hazme un logo bonito”, sino darles una marca capaz de vender camisetas y llaveros en cada mercadillo.
El concepto
En 2004, el sector entero comunicaba desde la pena. La apuesta fue la contraria: un logotipo cartoon, divertido y descarado, con un perro feliz —hueso en boca, lengua fuera— asomando de la inicial. Alegría de perro adoptado, no tristeza de perrera. Debajo, un claim que no ha envejecido: “no compres, adopta”.
La decisión más rentable fue estructural: la D con el perro funciona suelta, separada del logotipo completo. Eso convertía la marca en mascota, y la mascota en producto: una pieza que un niño quiere llevar en las llaves aunque no sepa qué es Defaniva.
El resultado
El merchandising cumplió su misión: las camisetas y los llaveros con la D se convirtieron en la vía de ingresos recurrente que la protectora necesitaba, y el perro de la D, en su cara reconocible en cada evento.
Lo que aprendimos
Este diseño encajaba en su época, y también envejeció con ella: el estilo cartoon con contornos y sombras duras pedía renovación pocos años después. La lección la aplicamos desde entonces a cada identidad: hay marcas que deben perseguir la moda de su momento —esta lo necesitaba para vender en un mercadillo— y marcas que deben sobrevivirla. Saber cuál de las dos estás diseñando es parte del oficio.